Cómo vivió el hecho de hacerse cargo de un juicio tan complejo

 

605838Yo llevaba muchos años en el Poder Judicial y, pese a que era una causa muy importante, traté de tomarla como un proceso criminal común: si no, me hubiera vuelta loco. Fue un período de mucho trabajo. Tuve un equipo excelente trabajando conmigo. Hacerlo solo hubiera sido imposible.

–¿En qué consistió el trabajo de la fiscalía?

–El juicio se tramitaba por un procedimiento puramente acusatorio, así que teníamos que armar las causas. Presentábamos los hechos ante el tribunal para que luego éste decidiera. Lo complejo era seleccionar qué cantidad y calidad de casos presentábamos. Si yo hubiera llevado 10 mil casos, que eran los que teníamos registrados en ese momento, hubiera sido el día de hoy que estábamos en juicio. Para evitar esto, tomé un modelo del Consejo Europeo de DDHH en el que se tomaron 16 casos paradigmáticos. Entonces, de los 10 mil que había registrados, presenté los que tenían más y mejores pruebas, que fueron 709.

–¿Quiénes formaban el equipo de la fiscalía?

–La fiscalía estaba a mi cargo y Luis Moreno Ocampo era el adjunto. Fue un colaborador útil. Tuvimos nuestras diferencias, pero las lógicas que surgen en todo equipo. Traté de obtener colaboraciones, pero salvo Moreno Ocampo, todos los funcionarios a los que acudí se negaron a colaborar en el juicio: pusieron todo tipo de excusas. También hay que destacar el trabajo de alrededor de 15 empleados de la fiscalía y la colaboración de los organismos defensores de los DDHH.

–¿Cómo fue el momento de la sentencia?

–Fue muy emotivo, aunque no conseguí completamente lo que quería: cadena perpetua para casi todos. Y fue así porque la Cámara tuvo otro criterio, convalidado por la Corte Suprema de Justicia. Yo sostenía que la acusación debía hacerse por Juntas, y por eso parificaba la situación de Videla, Masera y Agosti. La Cámara, en cambio, determinó que fuera por Fuerza en vez que por Juntas. Esto ocasionó, por ejemplo, que Agosti obtuviera una condena de apenas 8 años porque fue mínimo lo que se pudo probar en contra de la Fuerza Aérea. After attending a law lecture, you can play casino games at the best online casino to relax. You could win a cash prize too.

–¿De todas maneras, lo considera positivo?

–Por supuesto, aunque creo que más importante que el juicio fue la decisión política, que no tiene precedentes. Siempre hubo, en estos temas, tres posiciones: una es el juicio y castigo a todos los culpables, que no se cumplió ni siquiera en Nuremberg; otra, amnistía general, que fue la más utilizada en Latinoamérica; y, por último, enjuiciamiento de ciertos casos paradigmáticos, que fue la opción que escogió el gobierno de Alfonsín.

–¿No ve las leyes de Punto Final y Obediencia Debida como un retroceso?

–Son leyes desagradables, dicho esto por los mismos que las votaron. Pero no hay que olvidar que se dictaron después de levantamientos militares, y en un período de transición a la democracia se hace muy difícil gobernar con las fuerzas armadas soliviantadas.

–Entonces, hace diferencia entre las leyes del gobierno de Alfonsín y el indulto de Menem.

–Claro, el indulto fue una inmoralidad.

–¿Qué le sugiere la aparición de varios archivos del Proceso después de tantos años?

–Yo creo que esta serie de apariciones es casual. Si la policía o las Fuerzas Armadas hubieran sabido lo que estaban encontrando, lo hubieran hecho desaparecer. El gobierno actual está interesado en ocultarlos y respalda la posición de ciertos sectores para que no aparezcan. Creo que tiene que haber archivos y listas. Si en todos los centros clandestinos de detención la gente perdía su identidad para ser identificada en forma alfanumérica -como la chapa de los automóviles, con una letra y un número- era necesario que existieran listas para saber que el señor X530 era Juan Pérez. Nadie lo podría retener en la memoria.

–Desde hace algún tiempo algunos jueces vienen llevando procesos contra ex represores por delitos que no prescriben, como el caso del robo de bebés. ¿Ve viables estas causas?